¿Es su trabajo tóxico?

El sábado leí en la revista del sábado del diario el Mercurio una columna notable.

Alguna vez me ha pasado lo que este artículo describe, la última vez fue en mi anterior trabajo. Recuerdo lo mal que me hacia ir a trabajar, levantarse era un esfuerzo supremo. Cuando uno está en esa situación no es fácil parar a reflexionar y darse cuenta que hay que cambiar la perspectiva y abandonar esa rutina Toxica que te envenena día a día.

En aquella oportunidad la salida no fue nada planificada, solo fui esa tarde y dije la frase mágica “Me voy, esto ya no es para mí”. La noche anterior un amigo me había enviado un link del entonces recién publicado discurso de Steve Jobs en una graduación universitaria. El contenido del mensaje me hizo reflexionar profundamente y simplemente renunciar a mi trabajo al día siguiente sin tener opción de trabajo alguna en vista. Recuerdo que aquel día mi Nick cambio de algún mensaje poco positivo a “Bailo con la bonita y yo escojo la música

Les comparto columna de EUGENIA WEINSTEIN del sábado 29 de noviembre de 2008

¿Es su trabajo tóxico?

Si usted se siente permanentemente fatigado, le encuentra cada día menos sentido a sus obligaciones, le cuesta más entusiasmarse con su trabajo, siente que no tiene tiempo para las cosas que realmente le interesan y su vida personal se esté viendo limitada por las crecientes demandas de su quehacer, quizá necesite con urgencia renovarse. Si, conjuntamente, se enferma frecuentemente, experimenta ansiedad, tristeza recurrente, dificultades para dormir, períodos de desmotivación sin motivos aparentes y se anda sintiendo torpe, falto de lucidez e incompetente, puede que, además, su trabajo se haya convertido en un peligro para su salud. Pero si, al mismo tiempo, se siente crecientemente menos reconocido y sus relaciones interpersonales están más conflictivas y dificultosas que antes, ¡tenga cuidado! Definitivamente su trabajo es tóxico.

Un trabajo se vuelve tóxico cuando persistentemente provoca angustia y agotamiento. Mediante un proceso imperceptible y paulatino, las personas van perdiendo su brillo anterior, su energía y su autoestima. Se tornan pesimistas y evalúan negativamente su entorno, sus posibilidades laborales y su futuro. Abandonan sus expectativas de cambio y se sienten impotentes e incapaces de generarse una actividad más provechosa o un ambiente más grato. Paralizadas, mustias, irritables, e inseguras, se experimentan a sí mismas sin fuerzas para transformar su situación. Están tan embebidas con sus tareas y obligaciones, que no tienen tiempo para cuestionarse ni necesariamente relacionar su malestar con su vida laboral. Así, exhaustas y colapsadas, tienden a negar tanto sus sentimientos de insatisfacción como sus causas, y a funcionar mecánicamente como si no tuvieran otra opción. Desarrollan todo tipo de dolencias físicas o emocionales ?gripes, colon irritable, jaquecas, alergias, depresión, insomnio, presión alta, fobias, estrés, etc.? para las cuáles encuentran la más variada gama de anestésicos -comida, drogas, analgésicos, antiinflamatorios tranquilizantes, alcohol, cigarros, casinos, compras- que, además, les impiden pensar en lo que las aqueja. Y, para terminar de no darse cuenta de lo mal que lo están pasando en el trabajo, irónicamente, se llenan de más y más trabajo. Tal cual.

Si usted es de los que se deprimen los domingos en la tarde o se está sintiendo demasiado rendido, abrumado, angustiado o tenso, deténgase un momento. Necesita reflexionar. Quizás su trabajo lo esté intoxicando y no se ha dado cuenta. Puede ser que después de años, lo que antes le gustaba y desafiaba, ahora le resulte tedioso y rutinario. O quizás ya se hastió de los malos tratos, de no ser reconocido, o de que lo pasen a llevar. O puede ser que no soporte más repetir siempre lo mismo, o acallar sus inquietudes. O quizás su trabajo no potencia sus habilidades, o saca lo peor de su carácter, o ya topó techo. O quizás ya cerró un ciclo y necesita abrir otro, o simplemente ya se le acabó la motivación, o está cansado y no da más. En cualquier caso, necesita un cambio. Y no hay más que dos alternativas: o cambia usted o cambia de trabajo. De acuerdo, es más fácil decirlo que hacerlo. Entiendo sus necesidades económicas, su temor a lo incierto y su costumbre. Pero no le va a quedar mas que ponerse creativo y diseñar su transformación. Porque en la vida hay riesgos que uno no puede darse el lujo de no tomar, sobre todo cuando está en peligro la salud. Atrévase a dar un paso adelante y recuerde siempre que el miedo es lo que más miedo da.

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