¿Son las fiestas de fin de año tan felices cómo las venden?

Las fiestas de fin de año, Navidad y Año Nuevo, tienen varias lecturas. La primera, y más pragmática, es que Navidad es el mejor negocio posible, ya que es en esta época cuando el comercio realiza sus mejores ventas. A su vez, el Año Nuevo impone una suerte de celebración exagerada, hasta el otro día, con harto baile, harto copete, harto consumo. Todo es un buen negocio encubierto por una fachada de buenos deseos.  

 

Otra lectura más políticamente correcta es que Navidad es una época de reflexión y fiesta familiar, donde se respira paz y amor. Asimismo, el Año Nuevo, sería una fiesta familiar que despierta optimismo en el futuro.

 

Yo no hago juicios sobre cual es la lectura más acertada, eso depende de cada cual. Sólo me limito a recordar que la realidad no existe, pues depende de quién la está apreciando.

 

Después  de esta declaración, comento que este par de fiestas, que aspiran a  ser una celebración familiar, encienden una alarma en aquellos que pertenecen a familias no normalizadas. Esto porque reciben los mensajes publicitarios de familias felices disfrutando de la celebración, las contrastan con su realidad y ahí comienza el sin sabor de las fiestas para esa inmensa minoría.

 

Me vienen  a la mente, varios amigos que están en múltiples situaciones y me han hecho pensar si son las fiestas de fin de años tan felices cómo las venden.

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